Nostalgia, rabia, incomprensión y dolor

 

Vamos creciendo, y muchas veces nos damos cuenta de que el mundo cambia, de que las cosas no son como antes, de que ya no sentimos lo mismo que antes. En realidad no ha cambiado el mundo, hemos cambiado nosotros, comenzamos a verlo todo con otros ojos.

La verdad es que Mario, un grandísimo colega, de los pocos que me quedan realmente, junto a mi primo Cris y a mi hermano pequeño. El tuvo un pasado y una infancia, que dejo atrás, y empezó a sentirse mal, quiso volver al lugar donde creció y paso su adolescencia, y se sintió aún peor, ha cambiado él, comenzó a ver algo mas allá de las cervezas con los “colegas”, de los falsos “te quiero” y de la diversión ciega. Sus ojos empezaron a ver el egoísmo, la indiferencia, las grandes bocas, que cuanto mas grandes se hacían, mas pequeñas eran sus pelotas.

Yo me largué hace tiempo de Madrid, me fui por la crisis y porque me había cansado de robar o vender mierda para llegar a final de mes, cuando llegué aquí, me deprimí, aún mas de lo que estaba en Madrid, pensé… bueno, conseguiré pasta a saco y volveré a Madrid. Realmente lo conseguí, pero cuando fui a Madrid casi un mes, lo único que vi fui lo equivocado que estaba, fue el egoísmo y el interés de gente que creía amigos, la frialdad con la que se tratan unos a otros, como parásitos encerrados en una puta botella.

Y entendí, entendí al igual que Mario o mi primo Cris entendieron, que es mejor estar solo que mal acompañado, al igual que mi primo Cris pasa ya de salir con sus “amigos”, que sonríen con un vaso de alcohol en sus mano derecha, y un cigarro con mas de un extra en la izquierda, su vida se convirtió en currar cada finde por las noches, y estudiar entre semana, sin ver a nadie, sin salir como los demás jóvenes, ¿le convierte en malo el ser diferente?, acaso en un cesto con 99 manzanas podridas y una sana, ¿es mala la única sana?.

Ese es el precio de la libertad, es el precio de ser libre, yo miro la gente a mi alrededor, y veo fracasados y perdidos, que dedican su vida a intentar destacar a los ojos de los demás, a cultivar su cuerpo para sentir aceptación, a salir a los sitios que los demás salen, a hablar de otro modo, a relacionarse con gente perdida y falsa, y se deprimen muchas veces, y no lo saben, no saben que cuanto mas tienen de lo que el mundo quiere, mas en el fondo se hunden.

Lo que quiero decir, es que si sois una de esas manzanas sanas entre 100 podridas, no debéis pensar que necesitáis volver a un lugar, salir mas o relacionaros mas con esa gente que tanta vida os chupa, sois distintos, pero sois los buenos, os sentís mal porque sois únicos, pero tenéis algo que jamás ninguna de las 99 manzanas podridas tendrá…

Sois libres!

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